El
problema surge cuando llegamos a los treinta años y nos damos cuenta de que
hemos sido completamente manipulados.
En
un principio, durante la edad escolar, ¿quién elegía nuestras actividades
extraescolares? Hacíamos aquellas que nuestros padres hubiesen querido
hacer. Más adelante, en la etapa
académica, ¿quién decidió elegir una carrera o estudios de FP o Universitaria? Quizás fue la proximidad
al centro, su afinidad, nuestro entorno (amigos, preferencia de la familia...)
o la nota de la selectividad. Y por último, en la trayectoria laboral,
¿trabajas en el puesto que deseas o tienes miedo al cambio por lo que pueda
pasar?
La
condición que marca esta conducta es la comodidad. No perder una supuesta
calidad de vida ante el riesgo del cambio y la urgencia, impuesta por una
sociedad que vive a un ritmo acelerado.
Sin
embargo, olvidamos que hacemos mejor aquello que más nos gusta hacer. El
talento se basa en un fundamento vocacional: nos sale mejor aquello que
preferimos. Así, escucharnos, conocernos y luchar para vivir haciendo lo que
nos gusta más, implica dar lo mejor de nosotros y vivir una vida feliz.
La
vocación, esencial en el desarrollo de las personas para mejorar su capacidad
para emprender, requiere un mayor grado de esfuerzo en conocerse a sí mismo y
en valentía. La clave está en no ser conformista con lo cómodo en detrimento de
nuestro ideal. Esto perjudica la decisión de emprender, ya que se desmotiva y
deja de tomar iniciativas. La actitud personal, la motivación, así como la
competencia emocional son el principal factor para el desarrollo del proyecto
de emprender.
La
línea de la conducta vocacional viene marcada por una serie de reflexiones en
este sentido:
1.
En nuestra sociedad, hay una cierta tendencia a buscar una felicidad en lo
externo, en lo ajeno a nosotros mismos, en el consumo y otros aspectos
similares, pero lo importante es verdaderamente lo que uno quiere internamente.
2.
Para tomar una decisión vocacional hay que saber qué es lo que quieres y saber si lo has
conseguido.
3.
Todos tenemos un talento innato para algo en la vida.
5.
No hay que olvidar que disfrutar con lo que uno hace es invertir en uno mismo.
Pasamos demasiado tiempo trabajando como para no disfrutar con ello.
6.
A la hora de tomar las decisiones, no hay que olvidar cuál es la voz que nos
guía y actuar en consecuencia.
Cuando
se empiezan unos estudios en FP, o incluso antes de iniciar los preparativos
del aprendizaje profesional, se tienen en cuenta las afinidades, ilusiones,
identificaciones, es decir, la propia química. Ésta es totalmente diferente a
la de cualquier otra persona. La naturaleza es diferente para cada uno, en los
mismos términos en que los hijos no tienen nada que ver el uno con el otro.
Se
quiere, de manera generalizada, que nuestros hijos realicen unos estudios
determinados, y marcados por un mayor valor social, aunque esto signifique no
tener en cuenta la intención del joven. Aquí
tenemos una de las causas de frustración con la que seguramente nos
sentiremos identificados: ¡por qué no estudié lo que quería!.
Difícil
respuesta, ya que en muchos casos, ni desde el ámbito familiar, ni incluso
desde el social, ha habido éxito al facilitar ayuda para encauzar los destinos
de las personas en el mundo para emprender teniendo en cuenta su propia
química, su vocación, identidad e inquietudes.
Autor: Enrique Borrell
Autor: Enrique Borrell
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