domingo, 19 de julio de 2026

¿Y si el problema no es el talento, sino cómo lo estamos buscando?

El informe EP+D 2025 de la Asociación Española de Directores de Recursos Humanos revela que hay un desajuste estructural en el mercado.

Vivimos un momento clave en el mercado laboral. Un 39 % de las empresas en España prevé aumentar sus contrataciones y, sin embargo, hasta un 20 % de los procesos de selección no llegan a completarse por falta de candidatos adecuados. Estos datos del informe EP+D 2025 de la Asociación Española de Directores de Recursos Humanos revelan una paradoja que evidencia una brecha profunda: no estamos ante una escasez general de profesionales, sino ante un desajuste estructural entre lo que las empresas buscan y lo que realmente ofrecen, desarrollan y proyectan al mercado.

En sectores como tecnología, energías renovables, salud o logística, la demanda de perfiles especializados crece de forma sostenida. Se buscan analistas de datos, ingenieros de proyectos, expertos en ciberseguridad, desarrolladores de negocio o personal sanitario, entre otros. Pero lo verdaderamente relevante no es el nombre del puesto, sino el tipo de competencias que esas funciones exigen: dominio técnico, pensamiento estratégico, visión transversal, liderazgo transformador, compromiso. Hoy, las empresas no necesitan simplemente cubrir vacantes: necesitan personas que impulsen su evolución, que generen impacto y que sepan navegar entornos inciertos.

Y ahí es donde surge la pregunta incómoda: ¿están las empresas buscando bien ese talento? ¿O siguen ancladas en modelos de selección, atracción y desarrollo que ya no responden al tipo de profesional que el presente y el futuro requiere? Porque el talento no ha desaparecido. Lo que ha cambiado es su forma de decidir, de vincularse y de crecer. Los profesionales ya no se mueven solo por salario, aunque sigue siendo el principal factor de decisión. Ahora los profesionales valoran también trabajar con un modelo híbrido, la claridad en el desarrollo profesional, la calidad del liderazgo, las expectativas realistas y la coherencia cultural entre lo que se dice y lo que se vive en la organización. Si no lo encuentran, no se comprometen, ni responden y se van.

Por eso, más allá de identificar bien el talento o diseñar procesos eficaces, hay una condición previa que cada vez pesa más y que no siempre se verbaliza con claridad: la competitividad real de la oferta. Muchos procesos fallan no por falta de candidatos, sino porque las condiciones ofrecidas no están alineadas con lo que ese perfil puede encontrar en el mercado. Se pide mucho, pero se ofrece poco o se ofrece tarde. Y ese desequilibrio provoca que la atracción se desplome incluso antes de empezar. El talento ni siquiera se interesa, lo que genera la falsa percepción de escasez. Una percepción que, en ciertos perfiles, se suma al hecho real de que efectivamente hay déficit.

Otro factor que se ha convertido en criterio decisivo es la velocidad del proceso. En un mercado dinámico y tensionado, la agilidad en la toma de decisiones marca la diferencia. Hay empresas que tardan semanas en avanzar con un perfil; otras lo cierran en cuatro días. Y son estas últimas las que se llevan el talento. Competir por profesionales altamente demandados exige no solo ofrecer bien, sino decidir a tiempo.

Y estas situaciones se dan cada vez más en muchas empresas, especialmente pymes, que necesitan perfiles polivalentes, adaptables, con capacidad para asumir distintos retos en estructuras menos jerarquizadas. En paralelo, las grandes organizaciones concentran su apuesta en especialistas muy cualificados. Esta dualidad fragmenta el mercado y deja fuera a muchos profesionales con talento, pero sin itinerarios claros de reconversión. Además, el sistema educativo aún tarda demasiado en adaptarse a los cambios del mercado, lo que agrava el desajuste y ralentiza la respuesta al cambio tecnológico y sectorial.

La solución no está en lanzar más ofertas de empleo ni en pedir más requisitos. Está en rediseñar cómo entendemos el talento. Esto significa apostar decididamente por estrategias internas de reskilling y upskilling, alinear cultura, propósito y condiciones reales de desarrollo profesional, abrir los procesos a nuevos perfiles no solo por lo que ya saben hacer, sino por su potencial de crecimiento. Y, sobre todo, construir organizaciones que resulten atractivas no por lo que prometen, sino por lo que verdaderamente ofrecen en términos de liderazgo, visión, sostenibilidad y coherencia.

El informe EP+D 2025 lanza una señal clara: las empresas que quieran competir de verdad no deben preguntarse simplemente dónde está el talento, sino qué están haciendo para merecerlo. Porque, en realidad, quizá el problema no es el talento sino cómo lo estamos buscando y qué estamos ofreciendo cuando lo encontramos.

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Apuesta por el talento sin etiquetas

El Mes Europeo de la Diversidad, celebrado cada mayo, nos brinda una valiosa oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la diferencia y el papel fundamental que desempeñan las organizaciones en la construcción de una sociedad más inclusiva. En Fundación Randstad, entendemos la diversidad no sólo como un principio ético, sino como un motor estratégico para la transformación social y empresarial.

En el contexto actual, las compañías se enfrentan al desafío de la escasez de talento en ciertas posiciones y sectores. Sin embargo, con frecuencia, el talento de las personas con discapacidad pasa inadvertido, oculto tras barreras estructurales que no guardan relación con sus capacidades reales. En este sentido, la inclusión laboral de personas con discapacidad representa una oportunidad estratégica para las empresas, permitiéndoles abordar la escasez de talento al descubrir el potencial que reside tras ese «velo» y centrarse en las  contribuciones que pueden aportar. Las organizaciones que apuestan por la diversidad en sus equipos demuestran ser más innovadoras, resilientes y competitivas.

Como hemos podido observar en aquellas organizaciones comprometidas con la inclusión real de personas con discapacidad, la diversidad aporta nuevas perspectivas, fomenta la empatía y mejora la capacidad de adaptación de los equipos en todos los niveles. La integración de diferentes formas de pensar, resolver problemas y relacionarse enriquece profundamente la cultura corporativa.

Además, la inclusión ejerce un impacto directo y positivo en el clima laboral. Los equipos diversos tienden a mostrar mayor cohesión, compromiso y alineación con los valores de responsabilidad social, cualidades cada vez más valoradas por la sociedad.

Es crucial reconocer que la inclusión no surge de manera espontánea. Requiere de un compromiso sólido, formación continua, accesibilidad y una cultura organizacional que valore la diferencia como un activo fundamental. En Fundación Randstad, trabajamos cada día para acompañar a las empresas en este proceso, estableciendo alianzas estratégicas que faciliten la identificación del talento, la adaptación de los procesos y la creación de entornos laborales donde todas las personas puedan alcanzar su máximo potencial.

Si bien España ha logrado avances significativos en materia de inclusión laboral, aún queda camino por recorrer. Según el informe ‘Radiografía del mercado laboral de las personas con discapacidad’ elaborado por Fundación Randstad, a partir de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el IMSERSO, en España hay cerca de 3,4 millones de personas con un certificado de discapacidad reconocido, lo que representa el 7% de la población total. De ellas, 1,9 millones se encuentran en edad laboral, constituyendo el 6,2% de la población total.

En este contexto, la tasa de actividad se situó en el 35,5% en 2023, reflejando un incremento del 2,6% respecto al año anterior. No obstante, esta cifra aún se considera baja. Al analizar la tasa de empleo, que alcanzó el 28,5%, se evidencia el considerable potencial de mejora que existe en la promoción de la diversidad y la inclusión dentro del tejido empresarial español.

En este sentido, la celebración de meses como el de la Diversidad desempeña un papel crucial al mantener la atención sobre la necesidad de fomentar un entorno más inclusivo y al reafirmar nuestro compromiso con un modelo de empresa más humano, justo y sostenible. Porque cuando elegimos apostar por el talento sin etiquetas ganamos todos.

Silvia Galán. Directora de acción social de Fundación Randstad

domingo, 12 de julio de 2026

Vivir en la queja afecta a tu salud

Una persona media se queja decenas de veces al día, casi siempre sin darse cuenta. La psicología ha estudiado durante décadas las consecuencias de ese hábito tan extendido y los hallazgos coinciden: rumiar agravios modifica el cerebro, deteriora la salud mental y empobrece los vínculos. La gratitud, en cambio, hace lo opuesto.

La queja es un mecanismo de supervivencia imprescindible. Sin un «¡ay!» a tiempo no podríamos alertar de que alguien nos está pisando. Muchos de los derechos de los que hoy gozamos no se habrían conquistado sin que un grupo de personas expresara su insatisfacción. Otra cosa es lo que ocurre cuando se utiliza en exceso y se convierte en veneno.

Existen cuatro adjetivos con la misma raíz, quejica, quejicoso, quejilloso y quejumbroso, para nombrar a la persona que ha cogido vicio a este tipo de lamento. Que la lengua haya acuñado tantos sinónimos no es casual. Quejarse, cuyo sonido ya recuerda a unas uñas rascando una pared, también deja huella en el cerebro, un órgano de inmensa plasticidad. El uso o el desuso de cada una de sus partes condiciona su forma, y lo que se practica de manera sostenida acaba modificándolo.

En un estudio, la neurocientífica Eleanor Maguire analizó el cerebro de los taxistas de Londres, una profesión que exige memorizar miles de calles para superar un examen conocido como The Knowledge, para comprobar si la experiencia y el entrenamiento intensivo podían modificar físicamente la estructura cerebral. Tras varios experimentos, descubrió que estos conductores tenían más materia gris en la parte posterior del hipocampo, relacionada con la memoria, y cuanto más tiempo llevaban trabajando, mayor era esa región cerebral.

Rumiar agrava la depresión y deteriora la capacidad para resolver problemas.

Quejarse mucho nos cambia como personas. A ese hábito de repetir mentalmente una idea negativa la psicología lo llama rumiación. Su característica esencial es la ausencia de profundidad: recorrer la misma idea una y otra vez de manera exacta. No avanzar. Diversos estudios coinciden en que la rumiación tiene efectos demostradamente nocivos sobre la salud mental. La psicóloga Susan Nolen-Hoeksema, pionera del campo y profesora de la Universidad de Yale, dedicó su carrera a documentarlo. En una revisión publicada en Perspectives on Psychological Science en 2008, concluyó que rumiar agrava la depresión, intensifica el pensamiento negativo, deteriora la capacidad para resolver problemas y termina alejando a quienes rodean al que rumia. Quejarse hacia dentro, en silencio y en bucle, no descarga el malestar: lo cultiva.

Pocas personas han estudiado la queja como fenómeno social con la insistencia de Robin Kowalski, profesora de psicología en la Universidad de Clemson y autora de Complaining, Teasing and Other Annoying Behaviors. Su tesis es que la queja no es buena ni mala en sí misma: depende de la función que cumple. En un artículo publicado en 2002 en Journal of Clinical Psychology, Kowalski distingue dos categorías. La queja instrumental se dirige a quien puede solucionar el problema y persigue un cambio concreto: llamar a la compañía para que devuelva el WiFi, hablar con el vecino para que pare el ruido, pedir al camarero que cambie un plato frío. La queja expresiva, en cambio, no busca arreglar nada. Busca descargar. Es la que se vierte sobre el amigo, el compañero de oficina o el grupo de WhatsApp, sin destinatario útil y sin acción esperada.

Según Kowalski, las personas con autoestima saludable tienden a quejarse de forma instrumental: identifican el problema, lo ponen donde puede resolverse y siguen adelante. La queja expresiva crónica, en cambio, suele funcionar como una manera de modelar la imagen que damos a los demás –transmitir que uno está muy ocupado, que tiene buen criterio o que merece atención– y aparece con más frecuencia en quienes se sirven de la insatisfacción como forma de habitar el mundo.

En el lado contrario está la gratitud. Antes que la psicología, las religiones, como el budismo o el cristianismo, ya insistían en la importancia de dar las gracias. No se trata solo de agradecer cuando nos dejan pasar en el metro. Es un modo de vida, implica un reposo. Pararse a pensar, por ejemplo, en el milagro que supone estar vivos.

Antes que la psicología, las religiones, como el budismo o el cristianismo, ya insistían en la importancia de dar las gracias.

La psicología contemporánea ha terminado dándole la razón a esa intuición religiosa. En 2003, los investigadores Robert Emmons y Michael McCullough publicaron en Journal of Personality and Social Psychology un estudio en el que pidieron a un grupo de participantes que durante diez semanas escribieran, una vez por semana, cinco cosas por las que se sentían agradecidos; a otro grupo, que apuntaran cinco molestias; a un tercero, hechos neutros. Los del primer grupo terminaron el experimento con menos síntomas físicos, más horas de ejercicio, mejor estado de ánimo y mayor optimismo que los demás. Desde entonces, decenas de estudios han replicado el efecto. Un metaanálisis publicado en 2023, que reunió sesenta y cuatro ensayos clínicos, concluyó que las intervenciones de gratitud reducen los síntomas de ansiedad y depresión y mejoran el bienestar emocional.

Mientras la queja repetida talla en el cerebro un sesgo hacia lo que falta, la gratitud entrena el lado contrario: el de ser conscientes de todo lo que ya tenemos.

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jueves, 9 de julio de 2026

Pensamiento crítico

Pensamiento crítico, el último dique frente a la mentira

Desarrollar un criterio propio en medio de la actual desinformación y manipulación resulta imprescindible, y clave en la formación de los futuros talentos.

Escribió Francis Scott Fitzgerald (1559-1904) que “la prueba de una inteligencia de primer nivel es la capacidad de tener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo y seguir manteniendo la capacidad de funcionar”. La cita del escritor estadounidense procede de The Crack-Up (El hundimiento). El ensayo, que cumple casi un siglo, es una confesión crítica: relata la sumisión de Fitzgerald al alcoholismo, el desperdicio de su enorme talento, el hundimiento de su existencia. Curiosamente, aquellos días (finales del XIX) Nueva York se elevaba como su milagro dorado. Un in crescendo que la periodista y escritora argentina Leila Guerriero traslada a nuestros días. “En una era donde el ruido de la conversación está a todo volumen y proviene desde todos los ángulos, formarse un criterio propio en medio de la bulla, la desinformación, las contradicciones, la desmemoria, la manipulación de los discursos y los relatos puede ser difícil, pero resulta absolutamente necesario. Tan necesario como revisar y discutir ese criterio propio a menudo para que no se transforme en dogma”, reflexiona.

El sentido crítico comienza en los cambios de clase de los institutos y la algarabía de los chicos. Kiko Martín, profesor de Historia en el colegio Pío XII de Valencia, lleva dos décadas enseñando. “La Historia la relacionamos con temas de actualidad para que los jóvenes aprendan a discernir un discurso populista o demagógico de uno serio en términos políticos, culturales o literarios”, desgrana. En Literatura y Lengua también aprenden con textos de crítica social. La obsoleta idea de memorizar pierde terreno frente a la compresión lectora y la escritura.

El Ministerio de Cultura y Deporte quiere más pensamiento autónomo y menos memoria. Sobre todo, en la EBAU (prueba de acceso a la Universidad). Algo que impulsaron hace lustros, por ejemplo, los liceos franceses. En la Universidad de Navarra, el 7% de los créditos totales pasan por los Seminarios de Grandes Clásicos. Grupos pequeños, 25 alumnos, dentro de lo que llaman “Core Currículum” (currículo esencial). Charlas, reflexiones sobre puntos de vista distintos que los alumnos deben defender. “Fomentamos el pensamiento crítico”, apunta José María Torralba, catedrático de Filosofía Moral y Política del centro. “La autonomía de razonar por uno mismo y, también, la trascendencia de valores como la humildad, lo minucioso y, desde luego, la valentía de exponer las ideas propias y no dar nada por seguro. Entramos en un mundo muy complejo y tenemos que construir un ejercicio para distinguir lo verdadero frente a lo falso”. Las normativas cambian. “Una democracia no es tal si faltan votantes con espíritu crítico; las empresas los necesitan para ser creativos, contribuyen a incrementar la productividad y la IA requiere de esa mirada; todas las nuevas compañías lo precisan”, desgrana.

Educar la mirada crítica

Esta es una lectura; otro experto pasa las páginas con una mirada crítica sobre la crítica. “Es cierto que se tiene el presentimiento real de que las universidades han desistido de la educación del pensamiento crítico en su programa académico”, subraya Jesús Pérez Peña, director del Aula Cultural Manuel Alemán de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. El filósofo Günther Anders —recuerda Pérez Peña— ya avisó de que “la historia se juega en una situación del mundo denominada técnica y, por tanto, esta se convierte en la actualidad en el sujeto de la historia”. Esto se traduce en la proyección de la enseñanza basada en adquisición de competencias orientadas a la empleabilidad en el mercado técnico-científico. Pero el pensamiento crítico no puede darse —sintetiza el experto— sin alguna forma de distancia y libertad frente al crecimiento económico y lo que podríamos llamar “capitalismo cognitivo”.

El conocimiento ya no se oculta —como en El nombre de la rosa, de Umberto Eco— en antiguos incunables; los medios digitales compiten con las palabras en papel o pantallas. “Hay que conocer qué está pasando en el mundo en clave audiovisual y lectora. Son leguajes que se complementan”, subraya Enric Prats, profesor de Pedagogía Internacional de la Universitat de Barcelona. Guiar en este camino al espacio crítico corresponde al docente. Pero con una idea. “Solo cuando el joven se pregunta a sí mismo, entonces, le ha calado el mensaje y se abre a lo crítico”, asevera Prats.

En los pupitres de Esade han lanzado Bachelor in Transformational Leadership and Social Impact. Incluye tres horas semanales de Clases de Diálogo Socrático. Desde trascendentales dilemas como qué es la amistad, o la justicia, hasta la responsabilidad social de la IA. Es la primera promoción, matiza Sira Abenoza, profesora del departamento de Política, Sostenibilidad e Innovación, dura cuatro años y aprenden a formular preguntas con valor. Aprender a entender un mundo que hasta a Mafalda le resulta complejo.

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domingo, 5 de julio de 2026

El efecto de la amistad: maneras sorprendentes en que otras personas te moldean.

Tener amigos te protege de muchas maneras, desde ralentizar el envejecimiento celular hasta disuadir a los acosadores y reforzar tu autoestima.

Círculos de Mejora

Unos pocos lazos estrechos brindan cariño y protección, mientras que un círculo más amplio de amigos ofrece oportunidades y estímulos, y probablemente subestimas lo importantes que son.

Lo has oído un millón de veces: los seres humanos somos criaturas sociales. Pero ¿qué significa eso exactamente? Buenos amigos. Conocidos casuales. Incluso desconocidos que te paran por la calle. No son solo accesorios para una vida plena o interesante, son necesidades biológicas tanto como emocionales y, al igual que la comida y el ejercicio, sustentan tu capacidad para funcionar bien.

Interactuar con ellos activa casi todos los sistemas del cuerpo, y esas interacciones moldean tu estado de ánimo y motivación , influyen en tu pensamiento y comportamiento, te brindan bienestar y salud, e incluso longevidad. Todo el campo de investigación conocido como genómica social documenta cómo las experiencias sociales activan y desactivan genes —especialmente aquellos relacionados con el sistema inmunitario— y protegen tu ADN. Sin amigos, te marchitas en casi todos los sentidos detectables.

Antes de seguir leyendo, tómate un minuto para planificar una comida. Reúne a una o dos personas que conozcas para compartir una comida contigo: en casa, en un restaurante, en un parque, en tu escritorio. Comer con amigos —estar en su compañía física y participar en actividades de forma sincronizada— activa el sistema opioide para liberar beta-endorfina, que es a la vez un analgésico natural, que minimiza el dolor físico y emocional, y un euforizante, que eleva los niveles de dopamina y te inunda de una sensación de bienestar.

Al unirse a un tipo específico de receptor opioide, la beta-endorfina crea, literalmente, sensaciones de calidez, seguridad y protección, e impulsa el deseo de estar cerca. Pero hace mucho más.

Desde atenuar la respuesta al estrés hasta expandir la corteza prefrontal y toda la materia gris vinculada con la red neuronal por defecto del cerebro, pasando por estimular la producción de células inmunitarias asesinas naturales que protegen contra virus y cáncer, la beta-endorfina recorre el sistema nervioso afectando a la mayoría de las funciones del cuerpo. Hace que los compañeros estén dispuestos a apoyarte cuando estás deprimido, a ofrecerte ayuda cuando la necesitas.

Según la teoría de los opioides cerebrales sobre el apego social propuesta por el psicólogo británico Robin Dunbar, la beta-endorfina es la sustancia que sustenta las sociedades humanas.

Dunbar, quien sostiene que el cerebro humano tiene la capacidad cognitiva de gestionar solo un número limitado de relaciones sociales (150, conocido como el número de Dunbar, que resulta ser sorprendentemente cercano al número promedio de invitados a una boda en los EE. UU. durante los últimos 10 años), ahora también descubre que rendimos mejor cuando cinco de esas relaciones son vínculos estrechos (algunas menos para los introvertidos , algunas más para los extrovertidos ).

Si bien las amistades cercanas son muy valiosas, cultivarlas y mantenerlas requiere tiempo, comprensión, tacto y energía emocional. Cinco es el número ideal para mantener una alta calidad de amistad y sentirnos plenamente satisfechos con la vida.

Un mundo más allá de las mejores amigas

No vivimos solo de lazos estrechos. Los conocidos, personas con las que nos encontramos repetidamente u ocasionalmente sin intención ni esfuerzo —bautizadas como «lazos débiles» por el sociólogo pionero de Stanford, Mark Granovetter— nos integran en el mundo exterior. Y hacen por nosotros cosas que los lazos más estrechos no pueden. Como puentes o canales hacia diversos círculos sociales, nos aportan perspectivas e información —y, en particular, noticias sobre ofertas de trabajo— que difícilmente llegarían a través de los círculos superpuestos que frecuentamos.

Eva Myersson Milgrom, profesora emérita de sociología en Stanford, considera que no hay límite al número de lazos débiles que podemos tener, precisamente porque no implican obligaciones ni requieren mantenimiento. «De vez en cuando», afirma, «hay que estar presente para algo». Mientras que

los lazos fuertes optimizan la comodidad emocional y la similitud en el pensamiento y el comportamiento, los lazos débiles promueven el aprendizaje y la estimulación cognitiva. «Nos exponemos a puntos de vista desconocidos, lo que aumenta la neuroplasticidad y la flexibilidad mental», explica Myersson Milgrom.

“Los lazos fuertes conllevan expectativas. Los lazos débiles brindan espacio para experimentar, cambiar y crecer sin sufrir consecuencias emocionales ni exclusión social”. Promueven la libertad, la capacidad de elegir la propia esencia en lugar de sentirse presionado dentro de grupos cerrados.

Los lazos débiles pueden surgir de encuentros fortuitos generados por las rutinas diarias —lugares de trabajo, escuelas, instituciones religiosas o cívicas— y, de hecho, la sorpresa amplifica el impacto emocional de dicha experiencia. O bien, se pueden encontrar lazos débiles al unirse a grupos que coinciden con nuestros intereses, ya sean clubes de jardinería, clubes de lectura o clases de cualquier tipo. “La paradoja es que los lazos puente parecen opcionales, pero su ausencia es muy costosa”, afirma Myersson Milgrom.

Su investigación muestra que es especialmente costoso para las mujeres, y quizás aún más para las mujeres mayores, quienes a menudo pierden un sentido de identidad o relevancia con la edad. Su mundo social puede reducirse a una pequeña burbuja familiar.

“Sin embargo, los lazos débiles permiten a las personas ampliar continuamente su alcance en la sociedad”. Según señala, las mujeres suelen centrarse en crear lazos fuertes —encontrar mejores amigas—, mientras que los hombres saben cómo relacionarse a través de vínculos más informales: generalmente tienen más experiencia en relacionarse con los demás en función de intereses comunes.

Por supuesto, todos los lazos tienen que empezar en algún sitio. Puede ser tan sencillo como decir: «Me gustó tu comentario. ¿Te gustaría tomar un café cuando termine la reunión?». O unirse a una organización como la YMCA, que suele ofrecer una gran variedad de actividades: artes marciales, mahjong, yoga, pintura y mucho más.

«Cuando participas en estas actividades», explica Myersson Milgrom, «conoces gente mientras cultivas tus intereses; suele ser una forma relajada de conocer gente nueva, ya que la actividad se convierte en el centro de atención y no tienes que preocuparte por iniciar o dirigir la conversación».

Los lazos débiles son necesarios y valiosos por sí mismos; nos ayudan a mantenernos interesantes y ágiles a lo largo de la vida. Myersson Milgrom propone que imaginemos nuestra red social como un mapa del metro. «Si todas nuestras líneas pasan por las mismas estaciones, las de nuestros cinco amigos más cercanos, somos eficientes pero frágiles. La resiliencia , la autonomía y la valentía social surgen al añadir nuevas líneas que conectan con zonas completamente distintas de la ciudad». Y el secreto a voces es que los lazos débiles pueden ser el camino más rápido hacia los fuertes.

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Por qué la vida social importa

Por importante que sea, gestionar las emociones difíciles es solo el comienzo de cómo las amistades de calidad influyen en el bienestar y la longevidad. Después de todo, dice el psicólogo evolutivo Robin Dunbar, para todos los primates superiores, la vida social es el trampolín para maximizar la aptitud.

Tener amigos ralentiza el envejecimiento celular al reducir la inflamación.

Los amigos amortiguan el estrés, reduciendo los niveles de cortisol.

A lo largo de la vida, los amigos reducen el riesgo de soledad , depresión y ansiedad .

Los amigos fortalecen la autoestima .

Los amigos mejoran la sensación de satisfacción con la vida.

Tener amigos es el mayor baluarte contra el acoso escolar .

Tener amigos aumenta la materia gris en las regiones cerebrales de la empatía y la toma de decisiones , áreas que la soledad reduce.

Interactuar con amigos agudiza la inteligencia social , aumentando la capacidad de leer rostros, comprender las intenciones de las personas y predecir su comportamiento.

Tener amigos mejora la memoria y el rendimiento cognitivo general.

Tener amigos ralentiza literalmente el envejecimiento celular, preservando el ADN.

La amistad reduce los niveles de la interleucina-6, un agente de señalización inmunitaria y principal impulsor de la inflamación, lo que frena un factor importante en las enfermedades crónicas y la depresión.

La amistad es una protección integral contra la muerte prematura, ya que reduce la mortalidad por todas las causas.

Ante las dificultades, la amistad disminuye tanto la frecuencia cardíaca como la presión arterial, protegiendo contra las enfermedades cardiovasculares y los accidentes cerebrovasculares.

Los estudios demuestran que interactuar con amigos fortalece la conectividad de la red neuronal por defecto del cerebro, lo que ayuda a las personas a comprenderse entre sí y a percibir el mundo de manera similar. De hecho, la activación de la DMN durante la actividad social sugiere una nueva función para esta red: la cognición social .

Perforando el silencio

El espacio público se ha convertido en un lugar muerto, con gente absorta en sus teléfonos en lugar de en su entorno. Conectar con los demás parece más difícil que nunca. Aquí te presentamos algunas maneras sencillas de empezar.

Cambia tu mentalidad . Los estudios demuestran que la gente, incluso los completos desconocidos, están más abiertos a conversar de lo que crees y lo disfrutan más de lo que pensaban.

Muéstrate accesible . Sonríe y mantén el contacto visual.

Invoca un espíritu aventurero para romper el hielo.

Empieza poco a poco . Haz un breve comentario sobre algún detalle de tu entorno. No necesitas ser ingenioso.

Según la psicóloga Marisa Franco, algunas frases son excelentes para iniciar una conversación:

¡Me encanta tu _____! ¿Dónde lo compraste? Hacer un cumplido sincero pone a la gente de buen humor.

¿Qué te parece _____? A la gente le gusta que le pidan su opinión.

¿Tienes alguna recomendación para _____? A la gente le suele caer bien la gente a la que le caen bien. Pedir recomendaciones transmite la señal de que valoras su opinión y tienes curiosidad por saber qué tienen que decir.

Fue un placer conocerte. Me encantaría mantener el contacto. ¿Cómo prefieres comunicarte? Una sola conversación no hace una amistad, pero es un comienzo. Intenta que tus primeras interacciones se conviertan en algo más.

Me ha gustado mucho conocerte. Hagamos planes para vernos más a menudo. La gente suele estar más dispuesta a conectar cuando ya existe una base sólida.

_____ me hizo pensar en ti. Tenía ganas de contactarte. ¿Cómo has estado? Una forma de hacer nuevas amistades es reactivar las antiguas. Les encantará saber de ti.

Siempre estoy buscando nuevos amigos para _____. ¿Te interesaría? Invitar a alguien a compartir una actividad reduce el riesgo de rechazo. La emoción de hacer algo juntos fortalece la amistad.

Salvado por tu equipo

La validación que brindan las amistades de calidad va más allá de hacernos sentir bien. Nos fortalece física y emocionalmente.

El estudio más extenso sobre desarrollo humano, que ahora cumple 88 años y sigue a los descendientes de los 724 participantes originales, ha descubierto que el predictor más significativo de felicidad y longevidad es tener relaciones de alta calidad. No solo tener amigos, sino tener el tipo de amigos adecuados.

Necesitamos amigos de calidad. Los amigos de calidad son aquellos que nos brindan compañía: disfrutamos pasar tiempo con ellos, nos apoyan emocionalmente, están disponibles y podemos confiar en ellos lo suficiente como para compartir asuntos personales.

Otra característica clave de los amigos de calidad: validan. Nos animan y confirman nuestra identidad.

Según la reconocida psicóloga Marsha Linehan, la validación significa comunicarle a alguien que sus respuestas tienen sentido y son comprensibles dentro de su contexto o situación vital actual. Linehan, conocida principalmente por sus estudios sobre el trastorno límite de la personalidad , sostiene que las experiencias de invalidación en la primera infancia

podrían ser la base del trastorno y que, en términos más generales, experimentar poca validación durante la niñez provoca desregulación emocional en la edad adulta. Estudios que corroboran esta idea aportan evidencia adicional. En uno de ellos, la invalidación emocional materna impacta negativamente la conciencia emocional del niño desde los 4 años de edad. Aprendemos a conocer nuestras emociones, e incluso a nosotros mismos, gracias a que alguien nos dice que está bien tenerlas.

El poder de la validación.

Al transmitir seguridad y calmar el sistema nervioso, la validación nos sana y nos fortalece. Las personas que tenían que sostener un cubo con el brazo extendido pudieron seguir haciéndolo mejor cuando recibieron validación de un asistente de investigación («Es doloroso, ¿verdad?») en lugar de invalidación («Yo no sentí nada parecido cuando lo hice»). Para quienes recibieron validación, la tarea tuvo un menor impacto en su estado de ánimo. Otro estudio encontró que cuando las personas recibieron validación después de compartir sentimientos sobre ser excluidas de un juego, reportaron mayor autoestima y menos agresividad y estado de ánimo negativo.

La invalidación nos perjudica tanto física como mentalmente. En un estudio, las personas completaron una prueba de matemáticas casi imposible en el laboratorio. Después, compartieron sus sentimientos con un experimentador. El experimentador respondió con algo validante («Mucha gente ha dicho que se sentía así») o invalidante («No estoy seguro de por qué estás estresado »). Las personas invalidadas se sintieron peor y tuvieron un ritmo cardíaco más alto. También se sentían menos seguros en la interacción y se mostraban más distantes: hacían menos contacto visual, fruncían más el ceño y sonreían menos.

De afuera hacia adentro

La validación incluye declaraciones como:

“Es comprensible que te sientas así.”

“Creo que tus sentimientos son válidos.”

“Tus puntos de vista son comprensibles.”

“Entiendo lo que dices.”

Y cuando quieres expresar desacuerdo: “Entiendo por qué lo ves así. Esto es lo que yo añadiría basándome en mi punto de vista de la situación.”

Cuando los amigos validan nuestras emociones, nos muestran que podemos aceptar nuestros sentimientos. Esta validación emocional atenúa la reactividad neuronal. Los estudios de neuroimagen muestran que reconocer nuestros sentimientos limita la activación de la amígdala, el centro de procesamiento emocional del cerebro, el grupo de células que señalan la amenaza y activan la respuesta de lucha o huida.

Al calmar la respuesta de la amígdala a los estímulos negativos, reconocer los sentimientos también activa la corteza prefrontal ventrolateral derecha, la región cerebral que regula las respuestas emocionales y calma la angustia. Nosotros somos responsables de nosotros mismos.

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domingo, 28 de junio de 2026

Sostenibilidad y Bienestar empresarial: 5 puntos de unión.

El propósito corporativo se sustenta hoy en día sobre dos pilares fundamentales: la sostenibilidad y el bienestar empresarial.

El propósito corporativo, aquel que dicta las decisiones estratégicas de una corporación, se sustenta hoy en día sobre dos pilares fundamentales: la sostenibilidad y el bienestar empresarial.

Ambos están intrínsecamente ligados, y su perfecta integración puede conducir a las organizaciones a convertirse en entidades más resilientes y capaces de generar un valor diferenciador, uno que fomente la responsabilidad para con la sociedad y el entorno natural. En definitiva, que convierta a las organizaciones en agentes de transformación.

De hecho, nunca antes el grado con el que el propósito corporativo había impulsado acciones con una perspectiva ambiental y social por parte de las empresas había sido tan alto como en estos últimos años. También con una apuesta sobre la gobernanza. Y en dicha esfera social, las personas que forman parte de la empresa han pasado a conquistar un papel determinante. Ellas suponen el primer impacto de las políticas de bienestar, aquellas cuyos resultados se trasladan a las familias, al entorno social y a la ciudadanía local. 

Puntos clave donde sostenibilidad y bienestar se refuerzan

Los cinco puntos clave donde la sostenibilidad y el bienestar empresarial se alinean para reforzarse mutuamente y hacer lo propio con la organización y sus talentos son los siguientes:

1. Entornos de trabajo saludables y seguros para una productividad

Implementar prácticas sostenibles en el lugar de trabajo, como el uso de materiales no tóxicos y energías limpias, contribuye a la salud ambiental y reduce la huella ecológica de la empresa. Pero es que, además, genera entornos de trabajo limpios, seguros y saludables, también más versátiles y ergonómicos, que reman a favor de la mejora de la salud física y mental de los empleados y empleadas, reduciendo enfermedades laborales y aumentando la satisfacción y la productividad.

2. Responsabilidad Social Corporativa (RSC) para incrementar el poder de atracción

La RSC incluye prácticas empresariales que benefician a la sociedad y al medio ambiente, como iniciativas de reciclaje, reducción de emisiones y apoyo a comunidades locales Las empresas que practican una fuerte RSC y que consolidan esta a través de una cultura organizacional definida al respecto tienden a atraer empleados y empleadas más comprometidos y que, además, se muestran orgullosos de su lugar de trabajo, lo que mejora el bienestar emocional y el sentido de propósito.

3. Equilibrio de la vida personal, laboral y personal: poder de retención

Las políticas de trabajo flexible y teletrabajo pueden reducir el impacto ambiental al disminuir los desplazamientos diarios y el consumo de energía en las oficinas. Estas políticas también apoyan el equilibrio entre trabajo y vida, reduciendo el estrés y aumentando lo que se denomina como felicidad laboral, al permitir a los empleados gestionar mejor sus responsabilidades personales y profesionales. Esto supone un punto a favor en la fidelización de talento, en su obtención, especialmente cuando las empresas no pueden competir con las grandes corporaciones a través de subidas salariales.

4. Desarrollo profesional y capacitación continua: motor de motivación

Invertir en la capacitación continua y el desarrollo profesional de los empleados promueve una cultura de aprendizaje y adaptación, clave para la sostenibilidad organizacional en un mundo en constante cambio, con una crisis climática como gran desafío y un modelo verde de economía cuya implantación marcha a pasos agigantados. Los profesionales que tienen dichas oportunidades se sienten más valorados, tenidos en cuenta y motivados, lo que reduce los índices de desmotivación y la rotación de personal.

5. Compensaciones y beneficios responsables para aumentar el bienestar

Ofrecer compensaciones y beneficios que incluyan elementos sostenibles, como bonos por uso de transporte público o bicicletas, y programas de bienestar integrados con iniciativas ecológicas, o elementos centrados en la salud y el bienestar, como los seguros de salud, los programas de fitness y el apoyo psicológico, contribuyen al bienestar integral de los empleados y empleadas, reduciendo las bajas temporales.

Integrar sostenibilidad y bienestar empresarial no solo ayuda a las organizaciones a cumplir con sus responsabilidades sociales y ambientales, sino que también crea un entorno más saludable y productivo para los empleados y empleadas. Un ambiente positivo donde los valores fundamentales actúan como pilar fundamental.

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Todas las habilidades en las que eres superior a partir de los 40: desde mejor autoestima a mayor dominio del vocabulario.

Es normal pensar que envejecer consiste en ir perdiendo capacidades tanto físicas como mentales.

Sin embargo, no se trata de un deterioro progresivo. Aquí todas las habilidades que puedes esperar hacer mejor a partir de los 40.

Las primeras canas o arrugas. Llegar a los 40 es acercarse al ecuador de la vida y empezar a notar que las cosas se ponen serias, al menos en lo que a salud se refiere.

A partir de esta edad van surgiendo de manera natural cambios que puede que no acojas con entusiasmo. El tejido conectivo se empieza a deshidratar, produces menos cantidad de colágeno lo que se nota en la piel, pero también en huesos y articulaciones. El sueño puede volverse más ligero, la acumulación de grasa abdominal más frecuente. Tu masa muscular disminuye y también empiezas a perder altura. Y las hormonas se revolucionan nuevamente, lo que hace que otras esferas como la sexualidad o tu energía vital diaria se vean afectadas.

No obstante, todos estos cambios pueden compensarse con buena alimentación, algo de deporte y actividad social para mantenerte joven por más tiempo.

Dicho esto, también resultan bueno recalcar, que contrario a lo que se cree, hay aspectos de la vida que tienen su punto álgido a partir de la mediana edad.

"Nuestra narrativa social no se basa en la ciencia, se basa enteramente en prejuicios. Al contrario del mito popular, nunca dejamos de aprender o desarrollar nuevas conexiones cerebrales", puntualiza Daniel Levitin, profesor de neurociencia en la Universidad McGill, que cuestiona en su libro The Changing Mind la suposición de que ir cumpliendo años es solo un deterioro progresivo.

"Los adultos mayores pueden ralentizarse y no ser capaces de recuperar recuerdos o responder tan rápido como los adultos más jóvenes, pero pueden ser superiores en una variedad de habilidades de resolución de problemas, particularmente aquellos que involucran experiencia y conocimiento acumulado",sostiene en The Guardian  donde ha dado a conocer algunos logros que obtendrás a partir de los 40.

Todo lo que puedes esperar hacer mejor a los 40 que de joven

Tus mejores movimientos de ajedrez llegan a los 40, según el análisis de más de 1,6 millones de movimientos en 24.000 partidas. En lo que refiere a maratones, las mujeres alcanzan su punto máximo entre los 40 y los 44 años, y los hombres entre los 45 y los 49, recalca un estudio de 2020. A tendiendo a la ciencia, cuanto más larga es la carrera, más tarde parece llegar el rendimiento máximo.

Otra cima que has conquistado a los 40 es la de la inteligencia emocional. Las investigaciones muestran que a esta edad se obtienen mejores resultados en pruebas como el test de la mente en los ojos (RMET por sus siglas en inglés), utilizado ampliamente para medir la capacidad de reconocer y comprender el estado mental de otra persona o la inteligencia social.

Un componente fundamental de la buena salud mental como es la autoestima se ve disparada con los años. Empieza a crecer a medida que se deja la adolescencia atrás alcanzando su punto máximo alrededor de los 50.

Es frecuente que una de las cosas que más preocupe de envejecer sea el deterioro cognitivo. Entre los 30 y los 40 años el cerebro empieza a encogerse, y el ritmo se acelera a partir de los 60 años. Tu memoria se resiente y parece que te cuesta más aprender, pero hay otros aspectos cognitivos en los que comienzas a despuntar.

Según el doctor Manuel de la Peña, a los 50 "la interacción de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro se vuelve armoniosa, lo que amplía nuestras posibilidades creativas".

Parece ocurrir lo mismo con la capacidad aritmética. La investigación ha encontrado que los sujetos de prueba son más capaces de resolver problemas aritméticos alrededor de los 50 años. Las personas mayores tienden además a tener un mejor vocabulario y son mejores para diferenciar los matices del lenguaje.

Las evaluaciones también sugieren que los adultos mayores son más estables emocionalmente y menos impulsivos. Son además más capaces de mantener relaciones positivas. Y a los 70, al menos ellas, llega la satisfacción plena con la imagen corporal.

Quizá por todo esto la felicidad absoluta se hace esperar tanto. "Cuando se les pide a las personas mayores que indiquen el momento más feliz de sus vidas, la respuesta más común no es una edad en la infancia, la adolescencia o la edad adulta temprana, sino a los 82 años", asegura Levitin.

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