Crear una empresa es algo más que cumplir con unos trámites
administrativos, fiscales y laborales.
Supone una importante decisión personal en la que está en juego la valía
e incluso el patrimonio de cada individuo.
Por ello, debe ser una decisión meditada, que asegure la viabilidad de
la empresa en el futuro desde el punto de vista financiero y comercial.
Toda persona que crea tener una buena idea o haya detectado una
oportunidad, y disponga de los recursos para llevarla a la práctica puede estar
capacitado para crear una empresa. Sin
embargo, para sacarla adelante con unas mínimas garantías de éxito hace falta
disponer de una cierta cualificación personal.
Esta última, en unos casos, la facilitaran los estudios o bien la propia
experiencia laboral anterior. Hay que
tener en cuenta que, en una empresa pequeña, su fundador tendrá que ser a la
vez el director general, el responsable de recursos humanos, el contable y el
gestor de la política comercial. Todo en
una sola persona. Entre las cualidades
personales que el emprendedor debería poseer destacan:
Capacidad de innovación: copiar fórmulas de éxito ya
existentes en el mercado no suele dar, en la mayoría de los casos, resultados
positivos. En cambio, las fórmulas
innovadoras, bien por su presentación, por el servicio añadido que ofrecen o
por dirigirse a una clientela potencial diferente, disponen de más
recursos. Pero siempre debe tener en
cuenta que los negocios o fórmulas empresariales que han triunfado en otros
países o regiones no tienen asegurado su éxito aquí. Cada mercado y cada segmento de clientela
tienen sus propias características y condicionantes, culturales, de niveles de
renta o hábitos de consumo, que es importante conocer.
Dotes de organización: crear una empresa y hacerla
funcionar día a día puede llegar a ser muy complejo. La empresa es como un puzzle en el que todas
las piezas deben encajar a la perfección para que todo funcione y aumenten los
ingresos: la satisfacción de la clientela, la negociación con los bancos, las
relaciones con los proveedores, las campañas de promoción y márketing, la
contratación y formación de personal, la política salarial, etc. Por eso es fundamental que el emprendedor tenga
una mínima capacidad de organización.
Capacidad de aguante: no hay que dejarse asustar
por los problemas ni abrumarse por el día a día. La carrera del empresario comienza siempre en
el medio y largo plazo, Las pérdidas de los primeros meses no deben hacer dudar
de los principios que pusieron en marcha la empresa. El comienzo siempre resulta duro, por la
inexperiencia en unos casos y la fuerte competencia en otros.
Experiencia profesional: Empezar desde cero siempre
resulta mucho más complicado. La
experiencia en otros trabajos o empresas, aunque se trate de puestos de
diferente responsabilidad o en otros sectores, es muy importante. En el caso de que la formación sea
incompleta, la búsqueda de socios cualificados puede ser una salida, siempre
que exista una total sintonía en los planteamientos y objetivos profesionales.
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