sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Cuáles son las características del emprendedor?

Crear una empresa es algo más que cumplir con unos trámites administrativos, fiscales y laborales.  Supone una importante decisión personal en la que está en juego la valía e incluso el patrimonio de cada individuo.  Por ello, debe ser una decisión meditada, que asegure la viabilidad de la empresa en el futuro des­de el punto de vista financiero y comercial.

Toda persona que crea tener una buena idea o haya detectado una oportunidad, y disponga de los recursos para llevarla a la práctica puede es­tar capacitado para crear una empresa.  Sin embargo, para sacarla adelante con unas mínimas garantías de éxito hace falta disponer de una cierta cualificación personal.  Esta última, en unos casos, la facilitaran los estudios o bien la propia experiencia la­boral anterior.  Hay que tener en cuenta que, en una empresa pequeña, su fundador tendrá que ser a la vez el director general, el responsable de recursos humanos, el contable y el gestor de la política comercial.  Todo en una sola persona.  Entre las cualidades personales que el emprendedor debería poseer destacan:



Capacidad de innovación: copiar fórmulas de éxito ya existentes en el mercado no suele dar, en la mayoría de los casos, resultados positivos.  En cam­bio, las fórmulas innovadoras, bien por su presentación, por el servicio añadido que ofrecen o por dirigirse a una clientela potencial diferente, disponen de más recursos.  Pero siempre debe tener en cuenta que los negocios o fórmulas empresariales que han triunfado en otros países o regiones no tienen asegurado su éxi­to aquí.  Cada mercado y cada segmento de clientela tienen sus propias características y condicionantes, culturales, de niveles de renta o hábitos de consumo, que es importante conocer.

Dotes de organización: crear una empresa y hacerla funcionar día a día puede llegar a ser muy complejo.  La empresa es como un puzzle en el que todas las piezas deben encajar a la perfección para que todo funcione y aumenten los ingresos: la satisfacción de la clientela, la negociación con los bancos, las relacio­nes con los proveedores, las campañas de promoción y márketing, la contrata­ción y formación de personal, la política salarial, etc.  Por eso es fundamental que el emprendedor tenga una mínima capacidad de organización.



Capacidad de aguante: no hay que dejarse asustar por los problemas ni abrumarse por el día a día.  La carrera del empresario comienza siempre en el medio y largo plazo, Las pérdidas de los primeros meses no deben hacer dudar de los principios que pusieron en marcha la empresa.  El comienzo siempre re­sulta duro, por la inexperiencia en unos casos y la fuerte competencia en otros.

Experiencia profesional: Empezar desde cero siempre resulta mucho más complicado.  La experiencia en otros trabajos o empresas, aunque se trate de puestos de diferente responsabilidad o en otros sectores, es muy importante.  En el caso de que la formación sea incompleta, la búsqueda de socios cualificados puede ser una salida, siempre que exista una total sintonía en los planteamientos y objetivos profesionales.

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