Muchos productos que hay en el mercado se parecen
demasiado unos a otros. El componente
que va a diferenciarlos en el futuro, y que hará triunfar a las empresas que lo pongan en marcha, será el servicio que
añadan a esa mercancía en concreto.
En tiempos del Spain
is diferent, el español tenía fama de persona amable y servicial. Hoy en día, que somos el segundo país después
de Estados Unidos que más ingresos recoge gracias a la industria del turismo,
salen campañas publicitarias reivindicando la sonrisa del nativo. Desde entonces, hasta ahora, muchas son las
razones de orden sociológico que podrían explicar por qué se ha perdido
bastante de esta imagen. ¿Resultado? El
servicio a los demás es casi una virtud de museo.
El SERVICIO, con mayúsculas, va a ser en muchas
empresas el foco de atención y la máxima preocupación de sus directivos en los
próximos años. Para algunas ya lo es
desde hace tiempo. Porque todos los
productos que hay en el mercado se parecen mucho unos a otros, y una fuente de
diferenciación de las compañías estará en el contenido de servicio que sean
capaces de añadir a su producto. En este
desarrollo estarán implicadas todas las personas y departamentos de la empresa.
Suele ser más fácil imitar los productos que la
componente de servicio que conllevan.
Detrás de una marca, de un producto líder, puede haber una intensa
cultura de empresa creada y fomentada a lo largo de muchos años, cuya
improvisación no es posible en un corto espacio de tiempo.
De las siguientes diez reglas, las seis primeras se
dirigen a aspectos de organización general de las empresas. Las restantes se inclinan más al aspecto
individual de la persona que trata directamente con el cliente. Y que nadie piense que son sólo aplicables en
las grandes empresas o en las multinacionales, porque si conseguimos un único
cliente ya tenemos obligaciones de servicio que atender.
1.- Desarrollar como cultura de empresa el sentir
orgullo por el buen servicio al cliente. Este es un valor filosófico general que debe
impregnar las actuaciones relacionadas con los recursos humanos de la
empresa. Desde el presidente, hasta el
último empleado, todos deben estar convencidos de la bondad de la práctica
diaria de esta aseveración. Debe
premiarse y reconocerse la labor más destacada en el servicio al cliente.
2.- Plantear la empresa y la satisfacción al
cliente desde la óptica de un cliente exigente. La concepción
del producto/servicio, prestaciones, post -venta, etcétera, debe hacerse
pensando en un cliente puntilloso, exigente.
Asimismo, debe estar prevista la entrada automática en funcionamiento de
mecanismos que resuelvan las eventualidades negativas que puedan
presentarse. Si se satisface a ese
cliente, seguro que se cumplen las expectativas con los demás.
3.- El servicio al cliente debe primar sobre los beneficios. Puede sonar fuerte, pero es cuestión de plantear la oración por pasiva. Sólo con
clientes satisfechos, que hablen bien de
la empresa, y a los que se ofrezca un servicio más que adecuado, se
tendrá una perspectiva mantenida de beneficios.
4.- Facilitar la comunicación interna en favor
del servicio al cliente y detectar los posibles fallos. Es malo perder clientes por fallos en el servicio, pero dramático no saber por qué se pierden. Facilitar la comunicación interna y
desarrollar mecanismos dentro de la empresa que aumenten el flujo de
información a través del personal es básico.
5.- Favorecer el trabajo de las personas que
actúan en la primera línea de servicio al cliente. Esta regla tiene
una importancia específica. ¿Por qué?
Porque esa personas que trabajan en la citada primera línea de servicio
al cliente muchas veces son los grandes olvidados en muchos aspectos. ¿En
cuáles? Por ejemplo, en
responsabilidades, en formación, en incentivos (no sólo materiales), en
reconocimiento y status dentro de la
empresa. Si este sentimiento se transmite, y es compartido por la organización,
no será extraño que ésta deje de poner en las manos del personal que trata
directamente con el cliente todos los resortes, conocimientos y recursos
necesarios para lograr una prestación de servicio calificada de excelente.
6.- No tener comportamientos estándar con el
cliente, dar más. Superar las
expectativas de servicio. Se trata de describir situaciones más habituales de la relación
con el cliente y trazar una línea de
superación en la expectativa del servicio a prestar. No hace falta dibujar el comportamiento en todos los escenarios
posibles. Bastará con ejemplificar unos
pocos que den la norma y la medida al personal.
Este mandamiento también es apropiado cuando se falla o defrauda al cliente
con el servicio. Es una segunda
oportunidad de congraciarse.
7.- Conocer el producto y la competencia mejor
que nadie. Es una fórmula conocida que no siempre se
practica. Mientras mejor se conozca el
producto y la competencia más argumentos se esgrimirán frente al cliente, mejor
será su uso y más prestaciones se obtendrán.
8.- Transmitir al cliente seguridad, confianza y
equilibrio. De una manera u otra, toda venta gira alrededor de
estos conceptos. Sin transmitir
confianza difícilmente se vende nada. El
vendedor debe crear este clima en el que sus explicaciones y argumentaciones
sobre la bondad del producto resulten creíbles y aporten la seguridad al cliente para confirmarle en la
conveniencia de la compra.
9.- Luchar diariamente por hacer las cosas mejor
y aprender de los errores. La empresa que sabe donde falla tiene adelantada la
mitad del camino. Y para el vendedor, es muy saludable hacer un ejercicio de
autocrítica después de una operación de venta, con resultado feliz o no.
10.- Hacer con gusto el trabajo. Si quien realiza la prestación del
servicio no está cómodo en su trabajo,
bien por un ambiente laboral adverso, por falta de motivación o simplemente,
porque la venta no es lo suyo, de poco servirán todos los medios que la empresa
ponga a su disposición. Inmediatamente
quedarán devaluados.
En estos momentos, la calidad en el servicio tiene
mucha importancia en el conjunto de acciones comerciales y en el
marketing. Para ganar un cliente, por
definición, infiel es necesario ofrecer además de productos con un beneficio
básico relevante, una componente de servicio bien elaborada y cuidada. Hay que dejar de pensar que los servicios son
algo tan intangible que no se pueden controlar.
Hay que desarrollar “diseños de sistemas de servicio” que permitan
asegurar de continuo una prestación de servicio superior.
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