La constitución de un equipo a partir de un grupo de
profesionales elegido por sus conocimientos permite una evolución del grupo al
equipo y conlleva unos procesos de aprendizaje aptitudinales y actitudinales
mucho mayor que varios cursos de “trabajo en equipo”.
Fomentar el trabajo en equipo, cultivar una actitud
de aprendizaje y desarrollar el arte de la negociación son las líneas de
pensamiento de los más afamados «gurús» del management.
Conjugan a la perfección la inaccesibilidad de las
más rutilantes estrellas de Holywood con la familiaridad, sencillez y claridad
de sus libros. Sus «trucos» para
conseguir la excelencia de la empresa diez son casi confidencias al oído de un
bienintencionado compañero de trabajo con más tablas en el oficio. Los gurús del management observan, analizan y
disparan sus teorías al corazón de las grandes compañías de medio de la mundo. Un fenómeno que no admite comentarios.
Su influencia no sólo se limita al campo de la
gestión empresarial. Su actividad llega
a áreas tan dispares como la educación, la salud o la política. Sus libros enseñan a resolver discusiones
entre padres e hijos o, incluso, entre vecinos.
No es de extrañar. Las estrellas
del management nos recuerdan que la empresa, lejos de ser un ente abstracto, es
una organización de carne y hueso; organismos más vivos de lo que muchos
piensan y que tienen su propio cerebro, nervios, músculos y, por qué no,
corazón. La humanización de la empresa es una constante en sus ideas. Si en
algo coinciden las teorías de estos verdaderos sabios empresariales es en
destacar la importancia vital del elemento humano en las organizaciones. Personas que trabajan en equipo y que son
orientadas y guiadas por un líder.
Más humanos
Las cabezas visibles de la organización,
definitivamente, se humanizan. El «líder mayordomo», es decir, un capitán de
barco que conoce su nave desde la cubierta hasta la sala de máquinas. “La
auténtica labor del líder es estar comprometido con los servicios de toda la
organización. Creo que por eso mismo va
llegando la hora de que se abandone la noción tradicional de que la visión
siempre se anuncia "desde arriba", porque el hecho de que alguien
ocupe un puesto elevado no significa que sus visiones personales constituyan
automáticamente la "visión de la organización",.
La participación resulta fundamental para eliminar
cualquier atisbo de autoritarismo, recoger las sugerencias de los subordinados
e implicarles en el proyecto mediante la delegación de responsabilidades «El
líder del futuro, y el de hoy, tendrá que dejar hacer, siendo democrático y
participativo, uno de los grandes pensadores del liderazgo -. Porque delegar implica la dirección activa
del líder hacia un subordinado para que asuma cierta cantidad de
responsabilidad. Al delegar, sin embargo , el líder no debe relajarse en la
tarea de dirigir,; pues él es el que mueve los hilos de los procesos que intentan
conseguir una visión determinada».
Visión de conjunto
Visión de conjunto, trabajo en equipo. Lo que no
significa que el funcionamiento de forma individual quede definitivamente
descartado en las organizaciones. Se ha observado tras muchos años de
experiencia que “a veces se puede funcionar mejor de forma individual que
conjuntamente, siempre y cuando al actuar como individuos se comprenda el
comportamiento de la colectividad, se piense de manera sistémica y, además, se
aprenda de ello. Se trata de que exista unión en el equipo, que las
experiencias se conviertan en un bagaje de información común y que también se
hagan las cosas individualmente, sintiéndose comprometido con la labor
compartida del equipo”.
Pero hacer propia esta actitud es una tarea bastante
complicada en un mundo en el que se nos
obliga, en ocasiones, a tomar a los compañeros como competidores para
sobrevivir y prosperar. Ese es, una de las principales lagunas de la alta
dirección: la competitividad excesiva y, a veces, individualista que impide
enriquecerse con los distintos puntos de vista de los demás.
Dentro de las organizaciones, los problemas
cotidianos se refieren más al puesto que se ocupa dentro de la jerarquía, que a
las capacidades propias de cada individuo.
Por ejemplo, el líder que sabe negociar, pero que piensa que su misión
consiste solamente en corregir las cosas que no van bien, corre el peligro de
que al final no obtenga los resultados que desea de su equipo. Para negociar con éxito, no vale simplemente
con corregir, también hay que enseñar y saber comprender a los demás.
La negociación en alza
Un buen líder tiene mucho que decir - y hacer - en
este sentido. El modelo basado en medir
el control que ejerce el líder está dando paso a una fórmula nueva que tiene en
la negociación su máximo exponente. De
aquí nace el líder negociador, entendiendo esta figura como intermediario,
facilitador o alguien que dirija las conversaciones del grupo y sus debates con
el fin de explorar situaciones nuevas y llegar a soluciones planteadas a través
de un proceso comprensible para todos. Por eso creo que muchas de las empresas
que se rigen por una buena negociación son las que tienen los directivos más
modernos, una forma de liderazgo que debe fomentar el trabajo en equipo para la
resolución de los problemas”.
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