sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Qué modelo de empresa es el más conveniente para sus posibilidades?

Suele ser una de las cuestiones que más dudas plantean antes de crear una empresa.  Depende de estos factores que, en conjunto, o por separado hacen decidirse por un uno u otro.  
A continuación se indican algunos aspectos que de­bes tener en cuenta en el momento de efectuar la elección:

-¿Qué tipo de actividad va a ejercer la empresa?

La actividad a la que vaya a desarrollarse la empresa puede condicionar la elección de la forma jurídica en aquellos casos en que en la normativa aplicable establece una forma concreta.

-¿Cuántos socios participan en el proyecto?

El número de personas que intervengan en el lanzamiento de una nueva empresa también puede condicio­nar la elección.  Así, cuando sean varios los promotores lo aconsejable será constituirse vía sociedad.  En el caso de que sólo sean dos, la sociedad anónima, la so­ciedad anónima laboral y las cooperativas quedarán fuera de la elección.


-¿Qué responsabilidad están dispuestos a asumir los socios?

Este es un as­pecto muy importante dado que, en función de las responsabilidades que el pro­motor o promotores están dispuestos a asumir en el desarrollo del proyecto em­presarial, se optará por una u otra forma jurídica. La responsabilidad puede estar limitada al capital aportado (sociedades anónimas, de responsabilidad limitada, etc) o ser flexible, afectando tanto al patrimonio mercantil como al personal (em­presario individual, sociedad colectiva, etc).

-¿Cuál es la situación fiscal de los socios de la empresa?

Los resultados pre­vistos en el ejercicio de la actividad empresarial y la contribución fiscal que por los mismos se tengan que efectuar es un aspecto importante. Por ello, hay que estudiar detalladamente los costes fiscales que la empresa habrá de soportar, teniendo en cuenta que las sociedades tributan a través del Impuesto sobre Sociedades, cuyo tipo impositivo es único, y que los empre­sarios individuales lo hacen a través del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, en el que el tipo impositivo va elevándose según van incrementándose los beneficios.

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