La diferencia entre los costes directos e
indirectos se basa en la asignación de los costes a la producción final de la
empresa. Así, los costes directos son aquellos que se identifican
plenamente con un producto en concreto; mientras que los costes
indirectos son
aquellos que no pueden atribuirse directamente a los distintos productos de una
empresa, por lo que es necesario establecer algún criterio de reparto.
Por ejemplo, para una empresa que
fabrica ordenadores y adquiere X discos duros, dicha adquisición supone un
coste directo. Mientras tanto, el salario de un técnico informático que trabaja
además de en la fabricación de ordenadores, en la de impresoras y escáneres
representa un coste indirecto debido a que el reparto de dicho coste (salario del técnico informático) tiene una repercusión o equivalencia de gastos entre los
distintos productos fabricados. Para ello, se realiza un reparto proporcional (previamente calculado) del gasto.
Debido a que los costes indirectos no son
nada fáciles de imputar a cada unidad productiva, las empresas utilizan la contabilidad
analítica o contabilidad de costes para calcular de la manera más
aproximada posible cuánto cuesta producir un determinado bien o servicio.
Desde el punto de vista de
contabilidad de costes se entiende por coste como los recursos que se deben
emplear para alcanzar un objetivo específico.
El coste sería la medición
en términos monetarios de los recursos utilizados para producir un objetivo
determinado, como podría ser producir un bien o un servicio, gestionar una
función en la empresa, o completar un proyecto.
Es decir, el coste mide la
cantidad de recursos que se han empleado para un propósito determinado. Esta
medida del coste se expresa en términos monetarios.
Conviene también aclarar la
distinción entre costes variables y costes directos, ya que con frecuencia son
dos conceptos que se confunden. Un coste se considera directo por su
identificación directa con el objetivo de coste perseguido. Por su parte un
coste se considera variable cuando es dependiente del volumen de actividad, es
decir, cuando varía ante cambios en el nivel de actividad.
Puede haber casos en los que un determinado coste cumpla a su vez la
condición de ser coste directo y coste variable al mismo tiempo, pero no tiene
que ser así necesariamente.
Por ejemplo, la materia prima empleada en la
producción de un bien suele ser un coste variable que a su vez es coste directo
de ese bien.
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